Hispanic Link Weekly Report - OUR 25TH ANNIVERSARY EDITION
ORIGINALLY PUBLISHED SEMANA de Marzo 17 de 1980. MERCURIAL LEADER WILLIE VELÁSQUEZ DIED FOUR YEARS LATER AT AGE 44.)
GANANDO VELOCIDAD POLÍTICA EN CALLES SIN PAVIMENTAR Por William Velásquez
¿Cuál es la tradición política más perdurable del suroeste?
¿El voto en masa de los mexicano-americanos? ¿La votación polarizada por raza?
Éstas son ciertamente características de la política del suroeste. No obstante, hay otra tradición política más chocante y constante: las calles sin pavimentar donde vive la población mexicano-americana. Es casi un hecho cierto de la vida política que las calles en las que viven los mexicano-americanos no se pavimentarán. Es muy frecuente que las personas que viven en estas calles han tenido que convencerme de que eran realmente calles, ya que en muchos lugares las calles parecen más bien sendas para ganado.
Pero son esas calles enlodadas y con carriles, y no el carisma de los candidatos nacionales ni de los nombramientos hechos de vez en cuando por la administración de Carter, lo que va a llevar a los mexicano–americanos de este país a poder participar de lleno en el proceso político.
Esas calles son los catalizadores que están dando forma a una fuerza de importancia nacional, fuerza que no se volverá latente después de las elecciones.
Los candidatos nacionales que han estado pasando por la comunidad cada cuatro años, para pizcar el voto mexicano - para coger el voto mexicano como fruta madura - ya están recibiendo algunas sacudidas, y van a recibir algunas más.
En 1976 Jimmy Carter obtuvo el 81% del voto mexicano-americano, un porcentaje bajo según las normas anteriores, el único candidato presidencial demócrata que salió peor fue George McGovern, quien recibió el 80% de camino al fracaso; Carter se hallaba en vías de triunfar.
¿Y esta vez? ¿Y la próxima?
No se puede hablar de lo que ocurrirá a escala nacional hasta que se vea lo que ha estado sucediendo a nivel local.
Allí los problemas son tangibles e inmediatos, sistemas dobles y faltos de equidad en la prestación de los servicios y beneficios municipales y de los condados; éxito en las aulas de clase para los alumnos.
Los candidatos mexicano-americanos están desarrollando sus campañas y experiencia alrededor de estos problemas y están aprendiendo el modo de pelear esas cosas para mejorar la suerte de los mexicano-americanos, así ganándose sus recompensas: electorados fieles y más amplios.
Y están comenzando a ganar.
En Arizona, el 16,6% de todos los funcionarios electos al nivel local son ahora mexicano-americanos y los chicanos forman ahora el 18.5% de la población. Eso se llama aproximarse a la paridad. En Texas hemos tenido un 28,5% de aumento en la elección de funcionarios mexicano-americanos al nivel local, solamente en los 4 últimos años.
Sin embargo, cuando nos empeñamos por primera vez en la campaña para inscribir a los electores, todo mundo sabía que los chicanos no tenían aprecio por el voto.
¿Por qué no?
Algunos sostendrían que los mexicano-americanos no estábamos lo suficientemente instruidos, o bien que no teníamos la capacidad suficiente para comprender la importancia de inscribirnos y votar.
Yo me atrevería a decir que un buen número de nosotros se sentía de esa manera, incluyendo a nuestro liderato político, pero tenía que preguntarme si había una verdad más sólida en este alegato.
Pero ya no más. Ahora observamos que algunas comunidades mexicano-americanas están inscribiéndose y votando en proporción del 90 y 95%. Están respondiendo a los argumentos, presentados lógicamente, de que es posible lograr mejoras tangibles, por medio de una buena dirección local. Están eligiendo a personas que están mejorando las cosas, y la noción de sus éxitos se está extendiendo.
De hecho el mismo crecimiento explosivo de la inscripción y la presencia de los negros en las urnas se observó en la última década, está comenzando ahora en la comunidad chicana. El crecimiento vendrá sólo si la gente percibe la oportunidad de mejorar a nivel local. Es a este nivel, no obstante, que se aplica la división arbitraria de los distritos electorales de la forma más escandalosa para asegurar que no ganemos.
Los primeros 66 condados de Texas que evaluó el Proyecto del Suroeste para la Instrucción e Inscripción de Votantes (SVREP por sus siglas en inglés) estaban arbitrariamente divididos en distritos electorales para obstruir a los votantes mexicano-americanos. Los condados en California, según nuestros estudios, están aún más arbitrariamente divididos en distritos electorales que los de Texas.
El director de litigio del mencionado proyecto, Rolando Ríos, estima ahora que 128 condados del suroeste se encuentran con divisiones electorales arbitrarias, ilegales e inconstitucionales, evitando así que los chicanos puedan ganar las elecciones electorales locales. El SVREP ha participado en más de 45 pleitos legales para rectificar esta distribución inapropiada.
No es una tarea completamente fácil, la de ganar casos de rectificación en la distribución electoral.
El condado de Crockett, Texas, es el ejemplo clásico. Una serie de elecciones, pleitos contra las elecciones y cuatro casos judiciales que comenzaron a principios de la década de los 70 y se extendieron hasta 1978, resultaron en que dos chicanos ganaran escaños de comisionados de condado. En enero de 1978 el segundo de ellos, Sostenes de Hoyos, perdió por 32 votos en una elección que el tribunal estatal de distrito anuló después de oír testimonio que documentaba ocho infracciones de importancia contra la ley electoral, incluyendo registro falso propiciado por anglos, boletas sacadas ilegalmente de las urnas, y señalamiento de colores de boletas para votantes ausentes mexicano-americanos.
De los mexicano-americanos calificados para inscribirse, el 95,2% lo hizo y el 88% se presentó a las elecciones. En la elección subsiguiente ordenada por los tribunales, celebrada en agosto, el 93,6% de los chicanos calificados salieron a votar, y de Hoyos ganó por un margen estrecho.
¿Qué fue lo que agitó inicialmente a la comunidad?
Querían que se pavimentaran las calles. Querían que sus hijos tuvieran la oportunidad de ocupar los buenos trabajos del gobierno local. Lo que quieren los chicanos es justicia sencilla y fundamental, y la quieren en casa, a nivel local.
Cuando los políticos nacionales lleguen a pedir el voto de los chicanos en noviembre, sin duda que se les va a preguntar qué van a hacer respecto a pavimentar las calles.
Y ay de ellos si no tienen una respuesta.
(William Velásquez es director ejecutivo del Proyecto del Suroeste para la Instrucción e Inscripción de Votantes de San Antonio, Texas).